El deseo, o mejor dicho su falta, es sin duda uno de los problemas sexuales más frecuentes con los que se encuentra la población adulta en alguna época de su vida.

una pareja en un juego erótico

El primer inhibidor del deseo es el estrés

El primer inhibidor del deseo tod@s sabemos que es el estrés. Aunque algunos hombres busquen en el sexo la manera de desfogarse y relajarse, claro está que, si los niveles de estrés son muy altos, ni eso.

El cansancio, el estado de ánimo, problemas de pareja, preocupaciones o un mal estado de salud, desequilibrio hormonal …todos y cada uno de esos factores pueden afectar nuestro deseo sexual.

Porque lo que une la construcción del deseo es la base neurofisiológica, la disposición emocional, afectiva y cognitiva y los inductores externos e internos de las sensaciones y sentimientos sexuales.

Por un lado, están los inductores internos como las hormonas (sobre todo la testosterona), los neurotransmisores (la serotonina, la dopamina y la oxitocina), que irónicamente, si fallan, no tenemos ganas, pero una vez con ganas, se aumenta su liberación. Por otro, el estado de ánimo, los sueños, las fantasías y los recuerdos. Y aquí tocamos un tema muy interesante. Se trata de memorias de placer. Estas están conectadas al sistema de recompensa que está en nuestro cerebro.

Tendemos buscar los estados que en el pasado nos han llevado a sentir el placer

Originalmente, éste sistema estaba vinculado a nuestra supervivencia como especie, pero con la evolución su función iba cambiando hasta llegar a mero hecho de notificar la presencia de sensación placentera. Gracias a él, tendemos buscar los estados que en el pasado nos han llevado a sentir el placer. ¿Por qué añoras volver a saborear ciertos platos? Porque para tu paladar (y todo tu sistema) ha sido una experiencia placentera y lo más seguro es que te gustaría volver a probarlos de nuevo. Lo mismo pasa con el sexo. Si te lo has pasado bien, todo tu cuerpo grabó la experiencia como gustosa, así que, lo más probable es que bajo un mínimo estímulo, la va a querer volver a repetir.

A lo largo del desarrollo psicofísico la persona va registrando las memorias del placer. Cuando llega el deseo, esa memoria se activa.

El problema ocurre cuando no existe la memoria (por falta de experiencias placenteras previas) o hay un bloqueo para acceder a ella ocasionado por algún trauma o acontecimiento doloroso.

Por otro lado, tenemos los inductores externos que son nuestros cinco sentidos (inductores visuales, olfativas, auditivos, gustativos y táctiles) que no son otra cosa que estímulos eróticos por esas vías.

Existen importantes diferencias entre hombres y mujeres en la creación del deseo

También, es importante mencionar que existen importantes diferencias entre hombres y mujeres en la creación del deseo si tenemos en cuenta los estímulos externos. Mientras en los hombres el deseo se crea más a través del estímulo visual que rápidamente les lleva a la excitación y que por lo general buscan acabar en el coito y un orgasmo, en las mujeres el deseo se puede limitar a ganas de intimar sin el encuentro erótico, ser tocada, o tocar por dar la satisfacción al otro. En las mujeres, las emociones y el afecto juegan el papel importante y el ambiente de seguridad, relajación son la clave. El afrodisiaco más potente para ellas es sentirse queridas.

El deseo no es imprescindible para que se inicie un encuentro sexual.

Otro detalle importante es que el deseo puede aparecer en diferentes fases de la respuesta sexual. Algunos sexólogos, siguiendo a la famosa sexóloga Helen Kaplan, consideran el deseo como una fase previa a la excitación, sin embargo, los estudios muestran que no es imprescindible para que se inicie un encuentro sexual.

Muchas veces, podemos no sentir el deseo sexual, pero tras un estímulo adecuado (da igual que sea interno o externo), el deseo aparece.

Algunas personas se desesperan porque no sienten el deseo sexual por la etapa vital que están transitando. Porque han sido mamás, papás, por falta de tiempo, por tener mucho estrés, etc. Pero también, hay personas que, aunque no lo sientan, no notan que les haga falta. Lo más seguro es que su energía sexual la van dirigiendo al desarrollo de algún proyecto creativo (al fin y al cabo, es la misma energía) o espiritual. Entonces todo está bien.

El problema empieza cuando la persona nota algún vacío o porque eso produce roces dentro de la pareja o simplemente porque lo está viviendo como tal.

Allí es importante tomar el toro por los cuernos y buscar soluciones. Solas no suelen llegar. Una vez detectado que inductor está fallando, se puede empezar el trabajo por allí.

El imaginario erótico es nuestra gran alianza

Si no me gusta como me toca mi pareja, tendré que tener una conversación con él/ella o incluso buscar ayuda sexológica. Si, en cambio, no tengo costumbre de fantasear o soñar escenas eróticas y me faltan estímulos internos, igual podría empezar a leer relatos eróticos, ver películas eróticas o incluso escribir mis propias historias que despierten el deseo sexual que necesita ser alimentado. El imaginario erótico es nuestra gran alianza para ello.

Espero haber podido echar un poco de luz sobre éste problema por si eres de los que lo sufren.

Los misterios del deseo

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