Hoy os desvelo ´´el secreto mejor guardado de Freud´´ que hace años escribió mi amiga Susana Moo. ¡Que disfrutéis de la lectura!

Si aceptamos el supuesto freudiano que afirma que la civilización se ha edificado en gran medida sobre energía erótica bloqueada, concentrada, acumulada y desviada, entonces no debe resultarnos extraño que uno de los tipos que más ha ayudado a la humanidad a entender el importante papel que la sexualidad ejerce en nuestra vida -y el tremendo daño que causa la represión sexual-, fuese un reprimido de órdago.

Sigmund Freud (1856-1939) ya de chaval era mojigato, inexpresivo, proclive a censurar, uno de esos cerebritos que solo en lo intelectual encuentran un consuelo. Hasta tal punto no permitía que sus emociones fluyesen que le desagradaba la música y, siendo el mayor de seis hermanos, la prohibió en su casa. Sin otro afán más que el estudio, creció entre libros, fue el primero de clase en el colegio, en el instituto, luego en la facultad de medicina. Un prototipo de macho alfa que centró su energía en la investigación neurológica con un claro deseo de sobresalir, ser admirado y recordado en los anales de la historia.

El sexo estaba asociado a la culpa

A los 26 años tuvo un flechazo, la afortunada: Martha, una joven refinada, maniática de la limpieza, con la que mantuvo un noviazgo largo y casto. En aquellos años, para Freud el sexo estaba asociado a la culpa: Freud postuló que la represión sexual es la causa de todas las neurosis. Él mismo era un poco neurótico, se preocupaba sin razón por la salud de Martha. Se atormentaba pensando en la posibilidad de que sus ojeras y palidez fueran consecuencia de los abrazos que se daban… aunque llegaron vírgenes al matrimonio.

Fue un novio, luego un marido, celoso y posesivo que dio con la mujer perfecta porque Martha fue siempre obediente y sumisa, dedicó su vida a arropar a su marido en las cosas prácticas, madre de sus hijos y ama de casa eficaz con la que sin embargo no compartió su pasión intelectual.

Nunca abandonó premisas de represión en su vida íntima

Nunca abandonó premisas de represión en su vida íntima y tampoco en su práctica psicoanalítica. Tenía cierta tirria a las manifestaciones afectivas, creía, por ejemplo, que acariciar a los bebés era una forma peligrosa de estimulación sexual precoz, y consideraba la masturbación nociva, un vehículo de efectos patogénicos. Apenas habló de su sexualidad privada, pero en sus libros y apuntes pueden leerse entre líneas sus propias vivencias.

Freud realizó un profundo ejercicio de introspección para elaborar sus tesis y también consintió que algunos de sus colegas le analizasen, pero cuando se acercaban demasiado, cortaba la terapia, temeroso de que llegasen a algún aspecto de su psique que no deseaba saliese a la luz.

ese tabú sexual tendría que ver con ciertas tendencias homosexuales

Ha corrido tinta sobre si ese tabú sexual tendría que ver con ciertas tendencias homosexuales. Lo cierto es que a lo largo de su vida tuvo una sucesión de amigos íntimos, con los cuales mantuvo copiosas relaciones epistolares. Muchas de esas cartas se conservan y resulta sorprendente con el apego que les habla, él, que era tan circunspecto en el trato personal. A veces se expresa como si se tratase de una relación amorosa, muy especialmente con Fliess, un terapeuta charlatán con visos de curandero milagroso, al que le dice cosas como

no he tenido otro recurso que la memoria para reconstruir la hermosa noche que te vi… La gente como tú no debería morir, querido amigo; todos necesitamos demasiado a la gente de tu especie. Cuánto te debo: consuelo, comprensión, estímulo en mi soledad; gracias a ti mi vida ha adquirido un sentido, e incluso me has hecho recuperar la salud como nadie podría haberlo hecho. Ha sido principalmente gracias a tu ejemplo que yo he ganado la fuerza intelectual necesaria para fiarme a mis juicios, aun cuando me dejan solo, y, como tú, he aprendido a enfrentarme con mayor humildad a todas las dificultades que pueda depararme el futuro. Por ello ¡acepta mis humildes gracias! Sé que tú no me necesitas tanto como yo a ti, pero también sé que tengo un lugar asegurado en tu corazón”.

Freud explica la homosexualidad como un narcisismo

Freud explica la homosexualidad como un narcisismo, cuando los jóvenes buscan alguien como ellos para amarlos como sus madres los amaron a ellos:

´´La homosexualidad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que uno deba avergonzarse; un vicio o una degradación, ni puede clasificarse como una enfermedad. Nosotros la consideramos como una variante de la función sexual, producto de una detención en el desarrollo sexual. Muchos individuos altamente respetables, de tiempos antiguos y modernos, entre ellos varios de los más grandes (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc.) fueron homosexuales, Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como un crimen y es también una crueldad …´´

Yo me uno a los biólogos que consideran que el secreto mejor guardado de Freud tenía que ver con ciertas tendencias homosexuales, concretamente creo que en sus deseos rondaba la fantasía de sexo oral con otro hombre. No creo, sin embargo, que se permitiese llevar su fantasía a la práctica, más bien opino que luchó contra ella con todas sus fuerzas conscientes y que no se concedió gozarla ni allá en fondo de sus pensamientos, ya que consideraba que la mayor amenaza que puede asolar a un hombre es la libido homosexual.

sus padecimientos eran reflejo del ansia reprimida de practicar sexo oral

Una de las conclusiones a las que llega Freud en el controvertido análisis de su paciente Dora, fue la que me dio la pista sobre ese presunto anhelo sexual/oral de Freud. Dora era una joven que padecía rasgos histéricos, afonía y tos nerviosa. Freud determinó que sus padecimientos eran reflejo del ansia reprimida de practicar sexo oral, lo cual parece descabellado (ver el caso Dora) y tiene toda la pinta de ser un lapsus freudiano que habla más de lo que el psicoanalista tenía en la cabeza que de la chica afónica.

Además, Freud fumaba puros como un carretero, lo cual no sería significativo si él mismo no hubiese postulado que fumar es un sustitutivo sexual. No especificó que se trataba de un sustitutivo de sexo oral, pero parece evidente. Y bueno, ¿es rizar el rizo suponer que el cáncer de boca que sufrió fue una somatización de la culpa por sus vergonzantes deseos sexuales?

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